Santiago, como toda metrópolis que se respete, vive a la velocidad de la luz. En esta ciudad, incluso estando parado vas a miles de kilómetros por hora.
Los autos, las micros, la gente, los perros, los días, todo está acelerado.
No hay tiempo para recuperar el aliento: hay que seguir. Accidentes de tránsito se suceden. Las caras de desesperación de los transeúntes cuando son condenados a esperar diez segundos por un semáforo en rojo son una oda a la vida urbana.
Dos años pasaron aquí como agua, y cuando me di cuenta, hacía rato que corría yo al lado de los demás.
En medio del ritmo desenfrenado de todo están las escaleras mecánicas. Inmutables en su andar constante. Un oasis de lentitud en medio de la locura que nos rodea. Los apresurados usuarios vuelan sobre ellas sin notar siquiera que se mueven.
Cuatro veces por día, en dos estaciones de metro, subo a una escalera mecánica. No importa la prisa que tenga, no importa la obsesión con la puntualidad: nunca corro en ellas. Esos cuatro momentos son sagrados.
Son los cuatro instantes que me tomo, cada día, para respirar.

El mundo es agitado incluso aquí. Yo de vez en vez me percato mi aceleración y entonces, sin importar nada, me detengo y disfruto del tiempo correr alante de mi.
Aqui para que te cuento… Hay que pausar. Disfrutar del indolente paso del tiempo. Eso también es vivir.
Toda la razon ambos…detenerse y disfrutar del momento es lo que hace que valga la pena vivir, aunque tengas que correr para llegar hasta ahi.
el comentario anterior fue de mi parte…jajaja. se me olvido cerrar la sesion del fantasma…
Como bien dices, es un fenomeno que comparten las grandes ciudades. Y es algo que al principio te sorprende, incluso te molesta, y al pasar el tiempo, casi sin darte cuenta, te conviertes tu tambien en un corredor, en una de esas personas de las que te reias, porque aunque esten parados en la roja, van echando el carro poquito a poquito hacia delante, porque la idea de estar totalmente detenidos es demasiado fuerte de procesar.
Ariel y yo -que hablamos mucho de todas las boberias y las no boberias que nos rodean- a cada rato hemos hablado sobre ese tema. Es algo que en la medida de lo posible, hay que esforzarse por combatir, pues tristemente, al final de los dias, las semanas, los meses, los años, cuando sacas cuenta, resulta que no obstante lo mucho que corriste y que te apuraste, (mas bien, precisamente porque corriste y te apuraste demasiado) dejaste a un lado los momentos mas lindos, los mas necesarios, los que al final, cuando ya no tengas energias para correr, son los que al recordarlo te haran feliz.
Bello post primo!
Prima, cada vez me dan mas ganas de una buena conversación contigo y con Ariel. O unas buenas conversaciones más bien, con vinito chileno o ron cubano para amenizar, si se quiere.
No son para nada boberías esas cosas. Esos son precisamente esos momento, pequeños, en que nos detemos a analizar lo que hacemos, y si tiene sentido.
La mayor parte de las veces seguimos después de la pausa, no todos hacen como el loco de Into the wild (les recuerdo que tienen que verla!!!). El hecho de pararse a pensarlo, aunque solo sea eso, ya vale la pena.
Y repito, siempre tus respuestas superan ampliamente mis humildes posts!
La prisa y la obsesión por el trabajo. La necesidad de ganar dinero para después disfrutar. Un después que a veces está demasiado distante. Vivimos en uno de esos aparatos de parque infantil, uno de esos cilindros que usan para entretener a los hámsters.
Chama, que buena te quedo la metáfora de los cilindros para hámsters!!! te la copiaría también, pero está tan precisa que no admite copia posible, así que solo me quedaré aqui verde de envidia, jajajajaja
Vamos a comenzar a escribir cadenas de post, salidos de comentarios, nacidos de post, que surgen de comentarios, jejejeje.
Me jode la cobardía con la que asumimos la carrera en esos cilindros. Pero ya de esto hablamos en el post de la vida pija. La sensibilidad, la pequeña insurgencia, nos salva de la condena total.
Por eso y por muchas otras cosas el Fito y esos primeros acordes de “Al Lado del Camino” andan siempre conmigo, para recordarme de que se trata la pelicula…Me recuerdo leyendo a Marti en el metro de San Pablo un viernes a las 5..levantar la cabeza y pensar que hacia en aquel vertiginoso mundo paralelo…
Julio, te mande por mail mi ID de Skype pa que me agregues a ver si el finde hablamos algo!
Lo cierto es que la poesía de telegonz nos contagia a todos, jejeje. En fin, mi tiempo está lleno de un letargo inmenso en el que casi ni me percato de eso 4 momentos de los que mi amigo habla. quizás necesite unos de esos cicilndros…..
jeje, kareluco, creo que mejor buscate una escalera…
no precisamente los cilindros de los hámsters
Información Bitacoras.com…
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Cada vez que pienso en esto, visualizo uno de los capítulos de Ulises 31, de cuando lo vi hace un montón de tiempo; aquel que salía Sísifo y su piedra. En la versión aquella la piedra era reciclada. Y salía otra vez, nuevecita de paquete, lista para darle algo que hacer al Hombre. Alguna vez leí que las pequeñas cosas, cotidianas, (las muchas rocas), son las que nos “liberan” (o nos impiden) caer en las “crisis existenciales” -La mente ocupá pa’ espanta’ quebradero’- , pero no a la roca de escudo, o de escondite, o de tapones de oidos… digo yo…
[...] el mundo existen dos tipos de personas: los que respiran en las escaleras mecánicas, y los que se agitan en la rueda del hámster. También es posible bajarse de ambos artefactos, [...]
Ves? Acá no tenemos ese problema! Que yo recuerde solo tenemos escaleras mecánicas en tres sitios y las mayorías de las veces solo son escaleras! Tienes que subir por tus propios pies por los escaloncitos incómodos esos!!! Qué orgullo siento ahora de mis escaleras analógicas!!!!!